Daf 32 Daffodil de Luxe
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Italia tenía el Fiat 500, Inglaterra el Mini, Francia el 2CV y Alemania el Volkswagen Escarabajo. ¿Y nosotros? ¡Nosotros teníamos el DAF! O mejor dicho, el Daffodil. Un cochecito genuinamente holandés, ideado y construido por personas que opinaban que conducir debía ser ante todo práctico, asequible y no demasiado complicado. Sin temperamentos italianos, sin excentricidades francesas y, desde luego, sin delirios de grandeza alemanes.
Simplemente un coche sólido con el que Jan el holandés podía ir a la iglesia el domingo por la mañana, pasar la tarde tomando café en casa de sus suegros y, en verano, poner rumbo con toda la familia al camping del Veluwe.
El DAF fue el coche que hizo accesible la conducción a muchísimos neerlandeses. No todo el mundo podía permitirse un Opel o un Ford nuevo, y mucho menos un Mercedes. Pero un DAF era otra historia. Primero comprado nuevo por el comerciante del barrio, unos años después entregado como parte de pago en el taller de la esquina y, finalmente, de tercera, cuarta o décima mano, traspasado a un primo, una vecina o una familia joven que por fin quería dejar atrás el ciclomotor.
Pregúntele a cualquier neerlandés de más de sesenta años por su primer coche y es bastante probable que en algún punto del relato aparezca un DAF. O uno de su padre, de su tía o del vecino que lo sacaba a relucir cada sábado por la tarde.
Era también el típico coche de monjas y enfermeras. Un concepto hoy casi desaparecido, pero que en aquella época todos entendían. La enfermera de barrio que iba de paciente en paciente, las monjas del convento local, la maestra que por fin tenía su propio medio de transporte. Un DAF era amable, manejable, sencillo de usar y, gracias a la Variomatic, ni siquiera había que cambiar de marcha.
Esto último no era en absoluto algo habitual en los años sesenta. La expresión "truttenschudder met jarretelaandrijving" no podíamos, por supuesto, dejar de mencionarla aquí.
Y de esa Variomatic, como neerlandeses, bien podemos sentirnos un poco orgullosos. El Dr. Hub van Doorne había concebido una transmisión que funcionaba de forma totalmente continua mediante dos correas trapezoidales de goma y poleas variables. Sin caja de cambios convencional, sin embrague que accionar y sin momentos de cambio.
Simplemente elegir el sentido de marcha, pisar el acelerador y conducir. Una proeza técnica que al principio algunos miraron con cierto recelo, pero cuyo principio básico acabaría teniendo seguidores en todo el mundo en las modernas transmisiones CVT. Nada mal para un invento de Eindhoven.
Una ventaja añadida era que, gracias a esa particular transmisión, un DAF podía ir en teoría tan rápido marcha atrás como hacia delante. Esto, naturalmente, no pasó desapercibido y dio lugar más tarde a las célebres carreras de marcha atrás, en las que hombres adultos recorrían los circuitos a toda velocidad y de espaldas, con un desprecio total al peligro. El tipo de locura típicamente neerlandesa para la que hoy en día probablemente se necesitarían tres permisos, un coordinador de seguridad y un plan de actuación completo.
Bajo el capó del Daffodil se alojaba un motor bóxer bicilíndrico de 746 cc refrigerado por aire, capaz de dar unos 30 CV. Hoy en día casi cualquier bicicleta eléctrica ofrece más emoción, pero en 1965 aquello era más que suficiente para los trayectos cotidianos. El DAF le llevaba a donde debía ir y lo hacía sin aspavientos. Con el característico sonido del bicilíndrico de fondo y la Variomatic cumpliendo su función imperturbable, tenía todo el tiempo del mundo para disfrutar del paisaje neerlandés.
Y, por entonces, ese paisaje tampoco pasaba ante usted a 130 kilómetros por hora.
Pues bien, este DAF Daffodil de Luxe de 1965, un ejemplar excepcionalmente bien conservado que destaca sobre todo por su originalidad y su historia. El coche nunca ha sido restaurado y se conserva aún en su estado original, muy cuidado. La carrocería marrón, el interior rojo y los detalles característicos del acabado de Luxe conforman en conjunto una magnífica estampa de época. Incluso el portarrollos de papel higiénico de ganchillo, tan popular entonces, sigue sobre la bandeja trasera.
También su historia es clara. El Daffodil fue entregado originalmente en los Países Bajos y nunca ha salido del país. El primer propietario conservó el coche nada menos que 32 años, tras lo cual cambió de manos aún algunas veces. Una larga historia neerlandesa que encaja a la perfección con el carácter de este DAF sin restaurar.
Y quizá ahí resida el mayor encanto de un Daffodil. Colóquelo entre una hilera de Ferraris, Porsches y Mercedes en un evento de clásicos y es muy probable que al menos tanta gente se detenga ante este pequeño holandés. No por sus prestaciones ni por su valor, sino porque prácticamente todo el mundo guarda algún recuerdo relacionado con él. El primer coche de su padre, el DAF de la abuela o aquellas vacaciones en las que toda la familia, equipaje incluido, se apretujaba en semejante cochecito.
Un DAF no se compra porque se tenga prisa o se quiera impresionar. Se compra por su técnica singular, por su desarmante sencillez y por el pedazo de historia neerlandesa que representa. Y precisamente un ejemplar sin restaurar como este Daffodil muestra todavía cómo era aquello en realidad.
Que Italia tenga su Fiat 500, Inglaterra su Mini y Alemania su Escarabajo. Nosotros teníamos el Daffodil. Y de ello podemos estar orgullosos.
Características especiales:
- Legendaria Variomatic, el cambio automático continuo de Eindhoven
- Pulcro acabado De Luxe de 1965
- Motor de gasolina bicilíndrico de 746 cm³
- Sedán de dos puertas con tapicería de tela, cinco plazas
- Toda su vida en los Países Bajos, sin historial de importación
- El primer propietario lo conservó treinta y dos años
- Raro pedazo del patrimonio automovilístico neerlandés
- Cuatro neumáticos de verano Axis con abundante dibujo
- Enorme factor de simpatía en cualquier encuentro de clásicos
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